
Ana Isabel Negro
Un anciano adinerado sufre un ictus que le deja secuelas que le van a impedir vivir solo. Decide irse a vivir a Los Carrascales una residencia de personas mayores.
Allí le sorprende la pandemia.
Se encuentra en una nueva faceta de su vida, con otra gente, un pueblo del que ni siquiera quiere saber el nombre e intenta adaptarse y hacer recuento de su vida.
Establece una relación amistosa con Nico y continua entusiasmándose con cada mujer que se tropieza (siempre ha sido un seductor). Sale al pueblo cada día a tomar una copa a comprar sus libros, salchichón y ginebra, pues dice que combinan muy bien, y los guarda en el armario de la habitación.
Tiene un hijo, Gonzalo que le visita con frecuencia y se van a comer juntos a disfrutar de la comida, bebida y hacerse confidencias que no se habían hecho nunca…
Está contento y disfruta con las nuevas relaciones de la residencia y del pueblo: el anticuario que le proporciona sus regalos para las mujeres, libros adecuados para cada una. Un bolso que le sirve para llevar el tabaco, bebida, salchichón.
Me gustó mucho la visión que nos da el autor sobre las residencias como algo natural, su entorno entrañable y la capacidad de adaptación que tiene el protagonista para saber disfrutar y aprovechar las cosas nuevas y bonitas que le brinda la vida.
El final nos describe como fue la situación en la residencia, donde van falleciendo sus habitantes y se hace insostenible vivir allí. Decide trasladarse a su casa con su hijo Gonzalo, que vive allí desde hace un tiempo que se separó de su mujer.
Una novela emotiva, alegre, triste, real como la vida misma…
La recomiendo, pasé unos momentos muy agradables leyéndola.














