
MARÍA ISABEL QUIÑONES
Aunque no haya pasado a la historia por su trayectoria como cocinero, en su vida tuvo mucha importancia, ya que desde niño, quizás influido por su padrastro, repostero de la cuidad de Vinci, demostró un gran interés por cocinar. No en vano trabajo bastantes años como cocinero en el palacio de la familia Sforza en Florencia y en la corte del rey francés Francisco I.
También abrió una taberna en Florencia con su amigo Botticelli, que por cierto resultó un auténtico fracaso, ya que en una época donde la gente tendía a comer grandes cantidades, él fue el precursor de lo que hoy conocemos como «cocina de autor» y sus raciones eran escasas para los gustos de aquellos tiempos, dejando altamente insatisfechos a sus clientes.

Este libro, en sentido estricto, es un recetario, que recoge muchos platos inventados por él, pero también contiene unos dibujos con bocetos de los distintos artefactos que inventó para ayudarse en la cocina, aunque la mayoría de ellos eran inviables, como por ejemplo, una maquina picadora de vacas, que por sus enormes dimensiones no cabía en la cocina . También ideó el uso de las tapas de las ollas, que acabaron usándolas los pinches a modo de platillos.
Otro apartado del libro son las reglas para comportarse en la mesa, como por ejemplo, no prenderle fuego al comensal de al lado. Quiso introducir el uso de las servilletas, que no eran conocidas en su época, usándose para tal menester pieles de conejo clavadas al borde la mesa, cuando no el conejo entero.
En un libro, que por su contenido tan chocante y desconocido, su sentido del humor, los grabados de lo que hoy llamaríamos electrodomésticos, merece la pena utilizar unas horas de tu tiempo a su lectura, incluso si te atreves puedes probar a hacer alguna de las recetas que contiene…









