
DIANA PÉREZ
Cuando “La novia gitana” cayó en mis manos Carmen Mola ya se había hecho un nombre entre las “escritoras” de novela negra. Empecé a interesarme por ella cuando oí a su representante explicar que este seudónimo esconde a alguien, tal vez mujer o tal vez hombre, que quiere vivir en el anonimato: me pareció una excepción agradable frente a todos los que desean una vida totalmente expuesta, especialmente si es de éxito.
Este libro lo he leído-vivido como una maratón de serie policíaca: por su ritmo frenético, por cómo se entremezclan las historias, por las pistas que se nos van desgranando… porque no puedes despegar tus ojos de sus páginas hasta llegar a su fin.
Como tal empieza con un capítulo piloto donde se nos presenta a la Brigada de Análisis de Casos, un cuerpo de élite de la policía española -que recuerda a los equipos de investigación de series americanas- comandado por la inspectora Blanco (una policía rigurosa con las normas en su vida profesional y nada convencional en su vida privada –aficionada a una especie de orujo italiano, a cantar en karaokes y a tener relaciones esporádicas en coches grandes-).

Este equipo deberá resolver las dos incógnitas principales de la novela: quién ha podido asesinar días antes de su boda a una muchacha en unas condiciones que sólo una mente muy enferma ha podido planear; y quién y por qué razón destrozó la vida de la inspectora Elena Blanco secuestrando a su hijo cuando era un niño.
Como si se tratase del capítulo final de una temporada, cerramos el libro y nos quedamos estupefactos ante el giro de la historia, dudando de si deseamos seguir haciendo el camino con este equipo, de si queremos que las imágenes que se le ocurren a este escritor se dibujen en nuestra cabeza…, de si queremos acompañarle para conocer qué se esconde tras “La Red Púrpura”. (Segundo libro de la trilogía).

